*Por Eduardo Luis Aguirre |
La expresion “detrás del desierto” se utiliza de manera convencional en las tradiciones religiosas para evocar el tramo bíblico de Éxodo 3:1, que explica de qué manera, mientras Moisés conducía el rebaño de su suegro más allá de las zonas áridas hasta llegar al monte Horeb y al presenciar la zarza ardiente experimentó la primera aparición de Dios, que le advirtió que estaba pisando Tierra Santa.
Siempre el desierto reserva un contenido mítico fabuloso, inesperado, pero fundamente espiritual. Únicamente no lo advierten los que simplemente pasan, los que miran sin ver, porque al desierto hay que observarlo cuidadosamente. Es una fuente inagotable de reflexión, pensamiento y sentires. Esa característica es común a todos los espacios que se exhiben en una primera instancia como páramos. Una vez que las estrellas despiertan, el paisaje cambia radicalmente y asume otra maravillosa condición.
Preguntémonos ahora qué hay detrás del tórrido desierto pampeano que se extiende generosamente en territorio mendocino. Algo que seguramente nunca indagamos. Quizás no lo hacemos porque la aparición de la historia detrás del desierto nos permitiría intuir la importancia y el poder con los que dirimimos nuestras sequedades. Siempre hay algo detrás del desierto. Detrás de nuestro desierto fluyen poderes imponentes, cordilleras, hielos, ríos, regadíos y sectores sociales dominantes que han sabido adaptar una geografía ardua y convertirla en un vergel en manos de una clase dominante poderosísima.
El poder económico y estratégico de Mendoza reconoce una data de más de dos siglos.
La carrera política y sobre todo militar del General José de San Martín en América, por ejemplo, fue meteórica. Logró ser designado entre 1816 y 1821 Gobernador de Cuyo, y en esos años se dedicó nada menos que a organizar el Ejército de los Andes con el que cruzaría la cordillera y liberaría a Chile para luego embarcarse a Perú en una nave de Lord Cochrane (actualmente sepultado en la Abadía de Westminster). En 1824 emigraría de América, en la que vivió solamente 18 años, para nunca más volver. “Prefiero la vida que hacía en mi chacra cuyana a todas las ventajas que presenta la culta Europa”, escribió en una de las célebres cartas que envió desde Francia, donde fallecería ya septuagenario. La enorme primacía que el emblemático libertador asignaba a Mendoza hace 200 años ponía de relieve el potencial estratégico de la región ya en esa época.
En un informe al Almirantazgo en Londres, el Comodoro William Bowles expresaban sobre San Martín: “Quizás no carezca de interés si concluyo este despacho con un pequeño boceto de la persona que ha sido su principal sujeto y que ciertamente no tiene igual al presente, en esta parte de América del Sur, sea por su influencia o por su talento. […]El general San Martín tiene en la actualidad cerca de cuarenta y cinco años; es alto, de constitución fuerte, tez oscura y porte notable. Su educación es perfecta y sus modales y conversación en extremo placenteros. Su forma de vida es en sumo grado simple y austera e incluso es raro que se siente a la mesa, pues prefiere comer en pocos minutos cualquier plato que esté preparado cuando siente con hambre […] Hace caso omiso del dinero y es, creo, muy poco más rico de lo que era cuando llegó a este país, aunque si sus perspectivas hubieran sido interesadas o personales habría podido amasar una gran fortuna desde su entrada en Chile. Es un hombre muy culto, lee muchísimo y posee una gran cantidad de información general. Su sistema de política es amplio y liberal, en particular con relación al comercio, que entiende bien. Su salud es mala, y padece violentas hemorragias pulmonares: la consecuencia de una caída de su caballo hace ya algunos años”. (Lynch, J, 2009) (1).
Mendoza era una pequeña ciudad de provincia cuando José de San Martín llegó en 1814 y dos años más tarde fue gobernador de Cuyo. Me interesa destacar de la cita que antecede el universo de ideas y el perfil mercantilista del General. La creación del Ejército Libertador y su filiación progresista transformó rápidamente aquella ciudad de población escasa, calles de tierra, acequias y casas precarias cuya economía precapitalista giraba en torno a la agricultura, un incipiente cultivo de vides y producción vitivinícola para comercio regional en un punto neurálgico de desarrollo. La economía de paz se transformó en una economía de guerra que modificó tempranamente su perfil y la transformó en poco tiempo en el centro de un polo de crecimiento con una incipiente y pujante burguesía.
La economía agrícola se convirtió en una fábrica bélica de avanzada donde los vecinos no solamente pusieron a disposición del jefe su fuerza de trabajo sino que, los que pudieron, también coadyuvaron a la histórica empresa donando joyas y dinero. Entre estos sectores, la historia recata el rol de las las damas mendocinas. También conocidas como Patricias Mendocinas, fueron un grupo de mujeres de la sociedad de Mendoza que colaboraron de forma activa con el General José de San Martín para crear la Bandera del Ejército de los Andes y sostener la campaña libertadora. Ayudaron a comprar armas, cosieron la bandera del ejército que era un pueblo en armas y se constituyeron en una suerte de clase privilegiada en acción. También cedieron sus esclavos para que fueran a la guerra. Porque en Mendoza son muchos los que pierden. Entre las mujeres que lideraron y participaron de este grupo se encontraban: María de los Remedios de Escalada (esposa de San Martín), Laureana Ferrari de Olazábal, Dolores Prats de Huici (o Dolores Prat Urizar), Margarita Corbalán, Mercedes Álvarez por mencionar solamente algunas.
Las patricias formaban parte de una aristocracia, un patriciado muy reconocido en el Cuyo del siglo XIX. Provenían en su mayoría de familias de linaje, acomodadas y de gran prestigio en la sociedad mendocina de la época colonial tardía y los primeros años patrios. El término “patricias” hacía alusión directa a la clase patricia o terrateniente dominante, imitando el reconocimiento dado en Buenos Aires a las mujeres que también colaboraban con las guerras de independencia.
Las damas Patricias mendocinas fueron las heroínas de la alta sociedad cuyana que, con su trabajo manual, sus bienes y su empeño, hicieron posible la creación de la Bandera de los Andes y apoyaron al Ejército Libertador; su nombre quedó inmortalizado en la memoria mendocina como reconocimiento a su patriotismo.
Su rol entrelaza dos pilares fundamentales de la identidad y la historia de Mendoza: el patriotismo fundacional del siglo XIX y el poder socioeconómico de la industria vitivinícola del siglo XX. Aunque pertenecen a épocas diferentes, ambos representan a las élites que moldearon la provincia y la transformaron en una potencia estratégica. Pocos años después, la provincia se asentaba sobre el poder de los Grandes Bodegueros, hacia finales del siglo XIX. Desde entonces, y gracias a la llegada del ferrocarril y la inmigración, aquella provincia que había sabido de empresas épicas y una dinámica modificación de su estructura económica y social se afianzó alrededor de la industria del vino. Este grupo concentró un enorme poder económico, político y social, convirtiendo el desierto en un oasis productivo. Las dinastías del vino, la conservación del linaje y la propiedad de la tierra permitieron levantar verdaderos «imperios vitivinícolas». Entre los pioneros y grandes referentes históricos destacan apellidos ilustres como Giol y Gargantini, fundadores de la colosal bodega Giol, que llegó a ser la más grande del mundo. La familia, Impulsora clave de la modernización de la industria u otros apellidos como Toso y Benegas Lynch, que estructuraron los grandes departamentos vitivinícolas como Godoy Cruz, Maipú y Luján de Cuyo. Su influencia era decisiva. Controlaban los derechos de riego, la producción agrícola y llegaron a ocupar altos cargos en el gobierno provincial, consolidando un modelo económico que hoy posiciona a Mendoza como una de las Capitales Mundiales del Vino. Los padres, esposos y hermanos de las Patricias Mendocinas eran quienes integraban de manera casi exclusiva el Cabildo de Mendoza y las magistraturas locales. Al detentar los cargos de regidores, alcaldes y funcionarios reales, estas familias manejaban las leyes locales, la recaudación de impuestos y las decisiones políticas de la región.
El estatus socioeconómico de estas familias radicaba en la posesión de grandes extensiones de tierras fértiles (oasis) y haciendas desde finales del siglo XVI y el siglo XVII. Apellidos tradicionales de la región —como los Corvalán, Sotomayor o Martínez de Rozas— formaban «casas reinantes» o clanes familiares de terratenientes cuya riqueza se heredaba de generación en generación.
Los regadíos en Mendoza son elementos fundamentales porque transforman un territorio desértico en un oasis productivo y sostienen toda la vida urbana y económica de la provincia.
Con un régimen de lluvias muy bajo de lluvias (unos 200 mm al año), la agricultura y las ciudades dependen por completo del agua que baja de la cordillera. Alrededor del 89 % del agua disponible se destina al riego, lo que permite cultivar vid, frutales y hortalizas de exportación y que es un elemento fundamental para sostener semejante andamiaje productivo.
Para custodiar ese uso intensivo y decisivo, unilateral y cerrado, Mendoza creó un Departamento General de Irrigación regula este recurso escaso para garantizar un reparto ”equitativo” por turnos (entre ellos). Por eso la lucha por el agua no es contra el pueblo mendocino sino contra estos sectores concentrados de poder. Para que tengamos una idea, hoy una hectárea en Agrelo, donde se encuentra la exclusiva bodega Catena Zapata “está arriba de los u$S 60.000 dólares, Cinco veces lo que vale una hectárea sojera en las tierras más ricas de la pampa húmeda” (2).
Ahora sabemos qué sectores son los que se arrogan la representatividad del conjunto mendocino. Estamos frente a un conglomerado al que podemos calificar de un estado de “autonomía relativa”. Un conjunto de alianzas y sectores que son la voz cantante y los protagonistas de nuestro sufriente despojo y se arrogan la representatividad de una totalidad. Cuestión de clase..
(1) Calabria, Juan Marcelo: “La Llama de la libertad. San Martín, Mendoza y el cruce de los Andes”, Artículo publicado en diario Los Andes en su edición del 18/01/2025: https://www.losandes.com.ar/opinion/la-llama-de-la-libertad-san-martin-mendoza-y-el-cruce-de-los-andes
(2) https://www.laizquierdadiario.com/Los-que-laburan-y-los-que-brindan-en-la-Mendoza-de-los-contrastes

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