La teoría del loco

*Por Eduardo Luis Aguirre |

Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos durante los dos mandatos consecutivos de George Bush (h) entre 2001 y 2009, es considerado uno de los políticos más poderosos e influyentes de la historia de los Estados Unidos y el que exhibe todavía la mayor centralidad histórica en ese cargo específico. Tuvo un rol decisivo en materia de política exterior y en materia de seguridad nacional a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y se encargó de verbalizar al mundo la nueva concepción americana a partir de dicho evento catastrófico.

Ese predicamento quedó desde entonces asociado a ciertas construcciones teórico políticas cuya autoría debe adjudicarse a Cheney. Una de ellas fue la advertencia de que Estados Unidos estaba legitimado para llevar a cabo las acciones más contrarias al derecho internacional en tanto considerara que se encontraba en riesgo su seguridad nacional. La segunda formulación del entonces vicepresidente fue reafirmar lo que se conoció como la “doctrina del loco”. Esa tesis implicaba que su país debía generar un temor cierto en sus enemigos circunstanciales en virtud de que esa potencia era capaz de realizar y llevar adelante las conductas más osadas, verdaderos desvaríos que razonablemente pondría sobre aviso a sus enemigos de que el país del vice sería capaz de llevar adelante cualquier “locura”. Una suerte de aviso permanente de que lo peor que se pudiera imaginar, era susceptible de ser cumplimentado contra sus adversarios. Si bien Cheney no fue el creador original de la “Madman Theory”, que remite en realidad a decisiones de política exterior de la era de Richard Nixon y de su asesor estrella Henry Kissinger, su estrategia geopolítica belicista a ultranza después del 11-S se inspiró en los principios de imprevisibilidad y fuerza desproporcionada. Eso equivalió, en la práctica, en hacer creer a los oponentes (reales o potenciales) que quien lidera a una superpotencia es un conductor psicológicamente inestable e impredecible. Capaz de convencer a sus enemigos de que es mejor pactar en cualquier condición de sometimiento extremo antes que provocar una respuesta militar desastrosa por parte de un poderoso fuera de sus cabales.

La teoría del loco, lejos de diluirse en los entresijos de la sobreviniente complejidad tecnocapitalista, ha alcanzado una continuidad cada vez más consolidada y cotidiana, hasta convertirse en una herramienta habitual de las amenazas internacionales más extravagantes. La última de las que puede jactarse el repertorio inagotable de Trump es la admisión de la existencia de armas en el espacio, un anuncio que provocó encendidas protestas de China y Rusia,

Pero lo verdaderamente novedoso de la teoría, es que, con el advenimento de las denominadas “nuevas derechas” en occidente, se han multiplicado las autocracias de diverso calibre que recurren a las mismas como herramientas de práctica política. Podemos encontrar una multiplicidad de esas gestualidades desequilibradas.

Argentina no es una excepción, desde luego. A la usual verborrea insultante y los agravios reiterados contra gobiernos a los que se considera “enemigos”, la administración de Milei expresa una madman theory de “gambeta corta” y bajo calado. Desde los exabruptos contra Pedro Sánchez, China o Lula se adjuntan las amenazas sancionatorias contra el Reino Unido que, con su respuesta tan taxativa como la lengua de Shakespeare, solamente ha respondido que “serán implacables” contra los posibles dislates alentados por los débiles y oportunistas asesores de Balcarce 50.

Pero Milei no se limita a los intentos provocativos en el orden internacional. Los ejercita con la misma crueldad a nivel interno. Ya no se trata solamente de látigo y billetera contra los opositores votados por el pueblo de su provincia. Ahora la teoría se materializa en la sanción unilateral a las propias provincias y a sus pueblos. Hace pocos días volvió a perjudicar de manera deliberada e intencional a una Provincia indócil (*). Después de décadas de un destrato, el gobierno nacional decidió despojar de su porcentaje de regalías a La Pampa con el sólo ademán de la pura crueldad y el deseo manifiesto de privatizar la producción de energía proveniente de los Nihuiles, para entregarla a grupos capitalistas amigos. Es obvio que no es el “mercado” el que dictamina esa ignominia. Es la nueva lógica de la enemistad y la teoría del loco la que operan a nivel nacional en un marasmo de anarcocapitalismo desatado. Al que acompañan, en el propio terruño violentado, los sectores más recalcitrantes del antiperonismo, conjurados en un abanico variopinto y regresivo. Ni siquiera su vocero errático, de paso por estos lares, alzó la voz para intentar remontar su imbatible récord negativo.

(*) sobre el particular, ver en este mismo portal https://replicaenlared.com/2026/09/11/la-pampa-y-la-nueva-matriz-productiva-libertaria/

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