Patagonia. Problemas y cuestiones de una “república tecnológica”

*Por Eduardo Luis Aguirre |

Las grandes transformaciones de la política mundial, como ya hemos visto, pueden explicarse por el deterioro de las formas democráticas y el ascenso de las derechas autoritarias,pero también deben evaluarse a la luz de los nuevos, acelerados y caóticos cambios tecnológicos operados en el nuevo capitalismo. Un inédito entramado compuesto por intelectuales, megamillonarios, corporaciones y estados autoritarios constituyen la vanguardia de las nuevas formas de acumulación de capital, de espionaje, disciplinamiento y control global. La OTAN parece pasar a un pronto segundo plano como alianza militar ofensiva estratégica de control global y Silicon Valley se erige como el ejemplo simbólico de la nueva relación de fuerzas. Esta transición que nos alarma no tiene límites porque esas corporaciones son naturalmente aliadas de los gobiernos autocráticos y a la vez proveedoras de armamentos e insumos tecnológicos bélicos de última generación. La clase tecnológica dominante de este universo desechan la compatibilidad entre libertad y democracia, desdeñan el histórico humanismo y enarbolan, en su reemplazo, un “transhumanismo” atroz. Para que ese mundo “postdemocrático” pueda constituirse y alcanzar las nuevas y más riesgosas características que podamos imaginar, deben existir otros estados que, como contrapartida, permitan mediante una declinación de su soberanía la intrusión de estas nuevas formas imperiales con aspiraciones monárquicas y en todo caso despreciativas de las formas de armonía y equidad política que intentaron los estados sociales de derecho. Para ser más claros, los teóricos reaccionarios proponen el establecimiento de poderes “duros” opuestos a la “debilidad” del pensamiento occidental. Van por la constitución de “repúblicas tecnológicas”, preferentemente regidas por empresarios, que serán -según ellos- siempre más “eficientes” que los estados. En ese contexto, llega a la Argentina Peter Thel, a quien también hemos hecho referencia en apartados anteriores. Thiel llega, al menos, con un objetivo claro: la Patagonia.
El objetivo de Peter Thiel en la Patagonia es hasta ahora una cuestión, un interrogante que debe intentar ser dilucidado, comprendido, en el marco acotado de los tiempos acelerados que imponen las nuevas formas del tecnocapitalismo. Fundamentalmente, porque el interés explícito en la región depara no solamente la necesidad de una indagación sino también un verdadero problema, una nueva conflictividad a la que debemos dar respuestas comunes más temprano que tarde. En síntesis, ese desembarco plantea a la vez interrogantes oscuros y graves riesgos problemáticos de naturaleza diversa.
La pregunta inicial, en ambos casos, resulta de la necesidad de desentrañar qué se propone hacer el cofundador de Palantir Technologies en una región a la que pertenecemos por mandato constitucional y legal.
Vamos a algunos datos constatables en la materia.
El especialista en Derecho Administrativo y Planeamiento estratégico Juan de Dios Cincunegui da cuenta de dos libros que habitan una librería de Washington. Ambos trabajos están referidos a Sam Altman, CEO de Open AI. Los textos se titulan “The Optimist. Sam Altman, OpenAI, and the Race to Invent the Future” escrito por Keach Hagey y “Empire of AI. Dreams and Nightmares in Sam Altman’s OpenAI” cuyo autor es Karen Hao (1).
Según lo expresa el propio Cincunegui, las dos obras “permiten comprender con mayor claridad lo que significa —y lo que no significa— la posible instalación del megacentro de datos de IA en la Patagonia”.
He aquí un punto de partida, emergente de la mera curiosidad sociológica del visitante, para comprender la cuestión problemática en ciernes: un megacentro en la enorme región que además posee energía, agua suficiente, minerales raros y bajas temperaturas, insumos fundamentales para implantar los mencionados megacentros. Es menester recordar que la Patagonia no se circunscribe a la Argentina. Thiel se habría reunido también con poderosos seguidores del gobierno chileno de Kast.
El 7 de julio pasado Enric Juliana, uno de los periodistas más prestigiosos de España escribió en diario “La Vanguardia”, cuya dirección en Madrid ejerce desde hace más de 20 años, un artículo que ilumina las incertidumbres y comienza a graficar la dimensión del nuevo y problemático desafío. El aporte se titula “Thiel, rey de la Patagonia”, y el copete no puede ser más gráfico. Simplemente añade: “Argentina va en camino de convertirse en un laboratorio de la IA sin reglas”. La pluma esmerada de Juliana avanza sin hesitación a lo largo de la publicación: “Peter Thiel, el más ideológico de los empresarios de la Inteligencia Artificial, con un patrimonio de 30.000 millones de dólares, según Forbes, ha decidido trasladar su domicilio a la Argentina. Es un hombre de mundo. Nació en Alemania en 1967, pasó la infancia en Estados Unidos y Sudáfrica, regresó a Norteamérica, estudió filosofía y derecho en la Universidad de Stanford, en cuyos foros defendió el apartheid sudafricano, se interesó por las teorías del capitalismo libertario y se convirtió, peldaño a peldaño, en un eficiente inversor”.
Thiel tiene, como vemos, un recorrido y un universo simbólico que lo orientó hasta la Patagonia, donde cree que no tendrá dificultades para avanzar en sus proyectos de “decisionismo algorítmico”, que será visto con buenos ojos por dos de los varios gobiernos derechistas sudamericanos. Hasta allí llegó Thiel, con el acuerdo del gobierno argentino, que pretende flexibilizar cualquier normativa que ponga coto al desguace. El proyecto de liberalizar ilimitadamente la compra de tierras es un verdadero espanto, pero también un drástico ejemplo. Imaginemos a cualquier argentino que quisiera comprar un lote para instalar una casa en las Malvinas. Paradojas de la época. No podemos acceder a un territorio que reivindicamos como soberano (que algunos señalan que además podría llegar a convertirse en una Dubai multinacional) y que está ocupado por una potencia colonial (2), mientras tanto liquidaremos ilimitadamente nuestro territorio y nuestros recursos a los grandes poderes extranjeros.
Sólo queda la instancia de fortalecer el derecho que nos asiste.
Argentina, vale señalarlo inicialmente, es un país federal donde sus constituciones provinciales han incorporado normas específicas sobre su conformación territorial y el uso de los recursos naturales. La Pampa, por ejemplo, ratifica su vocación de inserción en la Patagonia argentina (art. 4°). Su Constitución declara que todos los habitantes de la Provincia tienen el derecho a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado y el deber de preservarlo. Es obligación del Estado y de toda la comunidad proteger el ambiente y los recursos naturales, promoviendo su utilización racional y el mejoramiento de la calidad de vida (art. 18) establece que la actividad económica de la Provincia será orientada teniendo como objetivo la armonización de los derechos del individuo y la comunidad y prescribe expresamente que la propiedad debe cumplir una función social y su explotación conformarse a la conveniencia de la comunidad (artículos 32 y 33). Por si esto fuera poco, ordena que “La actividad privada que tienda a dominar los mercados, obstaculizar la competencia, aumentar ilícitamente los precios o beneficios y toda otra forma de abuso del poder económico, será severamente reprimida por ley especial”. La misma tutela se otorga a los derechos de los pueblos originarios. La Constitución pampeana parece un lugar poco favorable a los planes destructivos del tecnofeudalismo, en tanto y en cuanto se cumpla. Esa es su fortaleza. Su debilidad histórica radica en que, por imperio del corte del Río Atuel por parte de la burguesía bodeguero viñatera de Mendoza se ha transformado en un gigantesco desierto ubicado justamente en la mitad del territorio argentino. Cualquier tentativa de debilitamiento de la integración regional o la propia fragmentación nacional nos convertiría a una factible víctima propiciatoria. De todas maneras, la fortaleza constitucional frente al posible embate colonial constituye un vallado jurídico significativo que, con la debida capacidad de anticipación y comprensión del mundo, estaríamos en condiciones de conjurar. Para eso, las instituciones productoras de conocimiento adquieren en la Provincia una relevancia estratégica.
El desafío histórico del pueblo de La Pampa es justamente asumir que quizás sobrevendrá una lucha democrática y republicana contra estas nuevas formas de control y vigilancia global. Algo que también deberían acompañar las demás provincias, porque en este mundo sin derecho y sin ley, más que nunca, la unión hace la fuerza, y porque el colonialismo cultural sería mucho más difícil de perpetrar sin las complicidades locales.
Thiel juega fuerte. Sabe mejor que nadie que es más rico y poderoso que muchos países y que ha logrado instalar en el mundo un debate sobre el” iluminismo oscuro” que hasta le permitió agarrárselas con el Papa con un argumento conocido. Otra vez, la imputación a un obispo de Roma de ser el verdadero “Anticristo”. Si el Papa propone poner un coto racional a la IA, eso lo transforma en cómplice preferencial del comunismo. Los argentinos sabemos de estos exabruptos.
En rigor, lo que puede ocurrir en nuestra región más austral, donde estamos siendo y hacemos pie, no involucra solamente al sur argentino. Abarca también la Patagonia chilena, que posee también el clima, el agua y los minerales requeridos para un emprendimiento colonial de semejantes proporciones. A esto hay que añadirle una región sudamericana que está hegemonizada por gobiernos de derecha dura, campos fértiles para la transformación de una zona de paz, alejada geopolíticamente hasta ahora de la múltiple conflictividad mundial, en una zona de extrema y acuciante sensibilidad. En un espacio de devastación.

1)OpenAI, la Patagonia y el futuro de Argentina en la economía de la IA: entre las oportunidades y el realismo, disponible en https://www.linkedin.com/pulse/openai-la-patagonia-y-el-futuro-de-argentina-en-ia-entre-cincunegui-ehg1f/
2)https://www.youtube.com/watch?v=suUo6o3DcVo
3 ) Karp, Alexander; Zamiska, Nicholas: “La república tecnológica. Poder duro, pensamiento débil y el futuro de occidente”, Barcelona, 2025.

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