*Por Eduardo Luis Aguirre |
Los hechos acontecidos en Ceuta, por su inusitada connotación aluvional, pone al descubierto la importancia de ciertas zonas en la nueva geopolítica internacional. Abstracción hecha de la intervención, más o menos directa, del gobierno de Marruecos y la sospecha de que potencias como Estados Unidos e Israel también podrían haber intervenido en una ocupación luctuosa y masiva perpetrada mayoritariamente por jóvenes marroquíes, el lugar de los hechos tiene una importancia capital.
Mares, Islas y estrechos parecen retomar una relevancia capital en la gran disputa del nuevo capitalismo y en la tensa relación bilateral entre Beijing y Washington y sus aliados. Si España sufriera la profundización del entredicho en su soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla, el estrecho de Gibraltar consolidaría drásticamente la ocupación inglesa por parte del Regimiento Real de Gibraltar, en un paso históricamente sensible. Estos pasos, algunos milenarios, se denominan en las narrativas geopolítica “checkpoints”; vale decir, puntos de estrangulamiento angosto cuyo control se vuelve decisivo. La participación eventual de Rabat en un incidente de semejante gravedad pone al descubierto la debilidad de la alianza europea a la vez que se materializa la insólita amenaza de Trump contra el gobierno de Pedro Sánchez. Pero esto no es todo. La incierta relación bilateral entre la monarquía marroquí y España incluye el antiguo proyecto del “Gran Marruecos”, que involucra nada menos que al Sahara Occidental, Mauritania, parte de Argelia, y demás territorios del norte africano, incluyendo las Islas Canarias.
Cuando el trumpismo afirma que quiere hacerse de Groenlandia no solamente se pone en discusión juego una región de ubicación fundamental y una de las islas más grandes del mundo. El embate incluye también el Estrecho de Davis, que conecta el Atlántico con el Ártico. Se trata de una vía clave para la navegación, la exploración científica y los recursos naturales tales como el gas, el petróleo y el agua. Si bien la fiereza del clima limitan actualmente la navegación a ciertos meses del año, se especula con que los deshielos futuros ampliarán la posibilidad de un tránsito marítimo normal en la zona.
Si consideramos que en el atlántico se ubica la Isla Ascensión, un enclave militarizado del Reino Unido y EEUU, el mapa de este Océano crucial extiende la ocupación hasta las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur, abarca el Estrecho de Panamá (cuyo dominio también disputan Estados Unidos y China) y de Magallanes y pone en jaque los reclamos soberanos argentinos en el Mar Austral. Lo propio acontece con la proyección antártica y con la decisión de convertir a Malvinas en un gigantesco yacimiento explotado por “Navitas Petroleum”, una empresa israelí que espera extraer 1300 millones de barriles de petróleo, con la obtención de las licencias respectivas y la pasividad del gobierno argentino. La inmensa Patagonia, a ambos lados de la cordillera, vale recordarlo, ya sufre el desembarco de los señores tecnofeudales.
Así como el Atlántico puede exhibirse como una columna vertebral de dominación unilateral en materia hidrocarburífera, pesquera, geoestratégica, militar, comercial y tecnológica, los demás mares del mundo también poseen islas y estrechos cruciales, cuya importancia aumenta con el aceleracionismo propio de los nuevos cambios del capitalismo y adquieren vertiginosamente una importancia trascendental.
El Estrecho de Ormuz es también, como sabemos, una de las regiones más calientes del planeta, con un panorama bélico todavía sin resolución. El paso también tiene, vale recordarlos ocho islas, siete de las cuales (Abu Musa, Gran Tunb, Pequeña Tunb, Hengam, Qeshm, Larak y Ormuz) son vitales para la defensa de Irán. Ormuz es una zona económica exclusiva de Irán, por donde fluye el 80% del petróleo que viaja a Asia y el 20% del crudo mundial. Su importancia quedó patentizada en los intentos denodados de EEUU por llegar a un acuerdo. Pero Ormuz no es el único paso de trascendencia vital en Oriente Próximo. Atendamos también a la existencia, en Yibuti, del estrecho de Bab Al Mandeb, donde se asientan bases militares de países tales como Estados Unidos, China, Francia o Arabia Saudita .”Frente a ellos, Irán, el gran rival de Israel y sus aliados en la región, también ha construido un arco de influencia que conecta ambos cuellos de botella: primero, desde sus propias costas y aguas territoriales en el estrecho Ormuz y el golfo Pérsico. Después, y tras puentear la península arábiga, desde el territorio controlado por las milicias hutíes —aliado de la república islámica— en Yemen, muy cercano a Bab al Mandeb. (1).
En el Indo- Pacífico, existe desde hace años el Ausku.Una alianza integrada por EEUU, el Reino Unido y Australia, un país que ha sido dotado de submarinos de propulsión nuclear frente a la presencia cercana de China, rodeada por Taiwan, un Japón armado hasta los dientes, Corea del Sur y otros países aliados de occidente. El Ausku es una demostración más de la entente histórica del Reino Unido con la máxima potencia militar del mundo. Algo que da por tierra con la idea de que la Casa Blanca podría intervenir a favor del excéntrico país austral del hombrecillo, como esboza insólitamente una diputada mileísta que constituye un hallazgo antropológico y mediático. Se trata de una nueva certeza delirante, condicionada en el fondo por una islamofobia infantil. Downing Street no piensa que la diversidad de su población originaria decreciente atraiga a yihadistas que se asienten en su país y en algún momento se adueñen del armamento nuclear inglés y por ese motivo los estadounidenses se decidan a darnos una ayuda vital en la cuestión Malvinas, cuyo estado ya hemos revisado.
El Estrecho de Malaca completa un escenario de relevancia decisiva. Entre la selva de Sumatra y la península de Malasia existe otro paso de meos de 3 kilómetros de ancho, por donde navega un 25% del comercio mundial y más de la tercera parte del petróleo que se acarrea por vía marítima. Malaca articula las riquezas energéticas del Golfo Pérsico con las gigantescas máquinas industriales de China, Japón, Corea del Sur y Taiwan. Para los chinos es un dilema y así lo denominan, de hecho, sabedores que la preponderancia estadounidense en los mares podría asfixiar este paso en cuestión de días y provocar un verdadero desastre. He aquí la clave. Los estrechos, las islas y los mares son un territorio donde occidente saca una ventaja tecnológico-militar apreciable. China ha comenzado con su proyecto de fortalecimiento naval militar y crece vertiginosamente en este rubro. “La modernización naval de China, que forma parte de un esfuerzo más amplio por potenciar su ejército, se ha convertido en una preocupación clave para los planes de defensa de Estados Unidos. En los últimos 30 años, China ha transformado su armada en la mayor del mundo, realizando importantes avances tanto en la cantidad como en la calidad de sus activos navales.
La modernización naval de China comenzó en serio a principios de la década de 1990. Desde entonces, China ha ampliado y modernizado rápidamente sus fuerzas navales. En 2024, la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN) contará con más de 370 buques de combate, entre portaaviones, submarinos y grandes buques de combate de superficie. Se espera que este crecimiento continúe, con proyecciones que estiman 395 buques para 2025 y 435 para 2030” (3). No obstante, los analistas militares siguen ponderando la ventaja estadounidense, todavía apreciable, en este territorio. Nadie sabe, en cambio, a ciencia cierta, cuál es el poderío chino en materia de IA aplicada al plano militar y más precisamente al cuidado de espacios en disputa, como los que hemos enunciado.
- Disponible en https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/ormuz-bab-al-mandeb-pinza-maritima-iran-oriente-proximo/
- Disponible en https://www.geopoliticadigital.com/nuevos-ejes-de-poder/estrechos-maritimos-clave
- Disponible en https://galaxiamilitar.es/analisis-de-la-modernizacion-naval-de-china-impacto-en-el-poder-maritimo-mundial/



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